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Memorias de Abril (tortugas, popotes y surrealismo)

Articulo por: Joel Zamora

Como ya se ha vuelto costumbre, previo a iniciar las actividades laborales, la licenciada y yo tenemos la famosa charla matutina en la que tocamos temas muy diversos que varían según el clima, el tráfico, las noticias, la cotización del peso y el estado de ánimo que inspiran todos los anteriores. El día de hoy debutamos con el curioso síndrome del edificio enfermo, ese malestar provocado por factores externos relacionados con la calidad del espacio (estética, iluminación, ventilación) en el que uno trabaja, come o estudia y que tiene influencia sobre la salud mental y nuestro desempeño cotidiano. Como somos imaginadores audaces, nos atrevimos a visualizar a nuestro país como el edificio aludido ¿acaso las condiciones sean positivas o negativas no impactan en nuestra actividad diaria? Siguiendo la lógica sobre espacios óptimos para vivir nos cuestionamos ¿Cuál sería el rendimiento escolar de un niño que sin haber desayunado debe caminar varios kilómetros de terreno irregular para llegar a su escuela? o ¿cómo espera una joven universitaria construir un perfil de excelencia si de noche al salir de su curso de francés se topa con fuegos cruzados que la amenazan en volverla un daño colateral? No cabe duda, la influencia que ejerce el entorno sobre nosotros es determinante. Cuento a la licenciada sobre una publicación que hace referencia a un estudio realizado en las zonas marginadas de la zona metropolitana de la Ciudad de México el cual concluía que mientras este sector de la población sufre de estrés crónico debido a las circunstancias a las que está continuamente expuesto, en el polo opuesto de la pirámide social, las élites económico-políticas, sufren una pérdida de vínculos emocionales que los hace indiferentes a las personas. ¡Vaya que nuestras circunstancias sí influyen en nosotros! El estudio agrega que los últimos no sólo no reconocen a la población marginada (alias ‘la prole envidiosa y criticona), sino que habitualmente la desprecian, pero sobre todo la ignoran por la confrontación que significa mirarlos. Para esta élite la negación de los problemas es parte de su mantra de vida (“la crisis está en la mente”). Entonces, la licenciada y yo recordamos la reciente visita de un flamante representante del pueblo, que aunque breve nos recordó la pantomima política en México. Por un momento presenciamos un maravilloso acto de magia. Los defectos del sitio que iba a recibir al personaje y que visitamos el día anterior desaparecieron en cuestión de horas. Para el día del evento el lugar se transformó completamente, ¡hasta los empleados se peinaron! En vez del estado de abandono en el que se tenía, ahora, impecable, el lugar invitaba a imaginar una realidad distinta. Por supuesto el político se fue satisfecho al ver que las cosas marchaban tan bien (aunque fuese tan sólo durante su visita). Cuando todo acabó y nos encontrábamos bajo la sombra de un árbol la licenciada exclamó ‘¿Cuándo van a sensibilizarse y actuar si sólo ven lo bonito?’.

Las charlas matutinas nos hacen bien a la licenciada y a mí. La oficina se convierte por un momento en una miscelánea de ideas que nos prepara para la jornada, por ejemplo, el otro día hablamos sobre tortugas e inseguridad. Ironizamos sobre la inocente pero plausible campaña #Antipopotes promovida por numerosos miembros de la sociedad civil para eliminar el popote de nuestras vidas. Como la licenciada y yo somos curiosos investigamos un poco más sobre el popote y nos sorprendimos al encontrar que en el país el 69% de la producción de este producto corresponde al mercado informal ¡Quién lo diría! También aprendimos que aunque los popotes representan tan sólo el 0.05% de los residuos sólidos urbanos a nivel nacional, su injustificable existencia amenaza a  la población de especies marinas. Cada año al menos un millón de aves marinas, 100 mil mamíferos marinos y tortugas marinas mueren cuando ingieren o se enredan con la contaminación plástica. La ONU estima que para 2050 el 99% de todas las aves marinas habrán ingerido algún tipo de plástico. Ambos coincidimos que decir ‘no’ al popote es un gesto mínimo pero importante para dar paso a iniciativas más mayores. Por algo se empieza y es momento de hacerlo.

Sobre casos exitosos de cambio en términos ambientales y sociales podemos mencionar a Mazunte. Admito que antes de haberme sido asignado un proyecto sobre esta localidad del pacífico oaxaqueño no sabía prácticamente nada del lugar. Compartía mis investigaciones con la licenciada quien atenta y paciente siempre escucha mis impresiones sobre el tema. Recuerdo el día en que una cifra me superó mentalmente. Por allá de los años setentas Mazunte comenzó a brillar por el auge de la industria tortuguera, es decir, la matanza de tortugas marinas para comercializar su carne, piel, caparazón, huevos y vísceras.v Los registros hablan de asesinatos en masa, hasta dos mil tortugas sacrificadas al día. Dicha actividad se prolongó por dos décadas hasta que en los noventas el gobierno (con presión externa, naturalmente) decretó la veda total de la tortuga, la cual era de esperar, se encontraba al borde de la extinción. Tal cantidad de tortugas diariamente asesinadas es una cifra preocupante, en lo personal, y se lo dije a la licenciada, no podía concebir tal cifra como real, mi entendimiento se vio sobrepasado. Los dos nos lamentamos de aquel pasado tan oscuro, analizamos la situación actual y nos alegramos de que la comunidad esté explorando nuevas formas de diversificar su economía local y que repercutan positivamente en el entorno natural de este pueblo mágico del pacífico.

Una visita exprés a Ciudad de México con motivo de unos trámites me permitió visitar la recién inaugurada exposición de Leonora Carrington “Cuentos mágicos” en el Museo de Arte Moderno. A mi regreso le contaba a la licenciada sobre aquella retrospectiva de la artista inglesa radicada en México cuya obra habla de lo onírico, lo mítico y esotérico. Le comentaba que sus obras te invitan a imaginar mundos alternos, unos luminosos, otros tenebrosos. Fue Salvador Dalí quien calificó a México como el país más surrealista que había conocido. Es verdad, nuestra realidad está cargada de sueños y su contraparte, de pesadillas. La licenciada y yo, como la mayoría de los mexicanos, estamos cansados de verdades históricas que siempre condenan a las víctimas y justifican al culpable. Coincidimos en que la desaparición crónica de ciudadanos en el país es señal clara de que nuestros derechos pierden espacio en la vida cotidiana. Se dice que los tres jóvenes desaparecidos y asesinados en Jalisco se encontraban en el momento y lugar equivocados.vi Nos cuestionamos ¿Qué hora del día o día de la semana es el adecuado para salir con tus amigos o para hacer tu proyecto del semestre? ¿Desde hace cuánto tiempo México se convirtió en el lugar equivocado para andar tranquilamente por la calle? La realidad nacional brinca entre ser una mala comedia o una pintura surrealista en tonos grises. Como ciudadanos estamos perdiendo la capacidad de distinguir en dónde comienza la realidad, el sueño, la pesadilla y dónde queremos que se detenga. La realidad que como sociedad queremos evitar nos está alcanzando. La alegoría del edificio enfermo es real. ¿En qué momento se volvió más fácil hacer rodar una lágrima que soltar una carcajada? ¿Hasta cuándo las madres deberán buscar a sus hijos ausentes?

La justicia, aunque a paso de tortuga, es virtud inevitable. ¿La muerte del amado efebo Antínoo no bastó para que un imperio lo deidificara y su recuerdo fuese inmortalizado con estrellas? Los jóvenes son semilla, su acción germina y fructifica. Trabajemos para que no paren de sembrar.

Aunque llevo poco de conocer a la licenciada, ya se ha ganado mi admiración. Su sensibilidad y franqueza me inspiran. Disfruto charlar con ella todas las mañanas, lo considero nuestro ejercicio ciudadano. Aunque a veces la realidad se imponga sobre la melodía, ella me recuerda que falta mucho por hacer y andar. Razones para luchar nos sobran. Cuando la escucho decir eso, inmediatamente la pesadez se marcha y la convicción vuelve. Recuerdo la frase de Marguerite Yourcenar que en la voz del emperador romano Adriano expresa: Construir es colaborar con la tierra, imprimir una marca humana en un paisaje que se modificará así para siempre.

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