Leyendo pinturas (arte, pasado y presente)

Cada época nos lega creaciones que inmortalizan la realidad de lo que en algún momento se pensó como presente. El arte, en ese sentido funge a modo de cristal a través del cual podemos asomarnos para explorar dicha realidad. Las expresiones plásticas, como la obra pictórica, dan testimonio de las circunstancias que envolvieron a una sociedad así como las corrientes artísticas que encarnaban los cánones estéticos aceptados en aquel momento, y evidentemente la visión misma del artista quien con su ojo sensible y destreza manual representaba las escenas que deseaba transmitir al público que las contemplaría. Las lecturas que en nuestro tiempo se hacen de tales obras, vistas ya como recurso documental, pueden aportar valiosos indicios para interpretar desde procesos sociales, sucesos históricos cruciales o trasformaciones del paisaje de algún lugar. En México contamos con ejemplos notables con los cuales ilustrar el argumento anterior: los magníficos códices que nos ofrecen una mirada al pasado precolombino así como la manifiesta influencia hispánica al momento mismo de ser realizados, como es el caso de los dibujos del Códice Florentino donde una incipiente influencia renacentista salta a la vista. Recordemos los emblemáticos paisajes de la obra naturalista de José María Velasco; los grabados satíricos de José Guadalupe Posada, reflejo fiel de la vida popular mexicana del siglo XIX o bien las caricaturas anti-porfiristas publicadas por los hermanos Flores Magón en El hijo del Ahuizote. Pasada la guerra revolucionaria la escuela mexicana de muralismo dirigida por Orozco, Siqueiros y Rivera marcó una época al cuestionar e instaurar una forma de hacer plástica y de cómo llevarla hacia las masas; se formuló la visión que guiaría al nuevo gobierno en el poder a través de la construcción de una narrativa histórica acorde con los ideales del nuevo régimen. Imposible cerrar esta serie de ejemplos sin referirnos al singular trabajo de Gerardo Murillo, el Dr. Atl, pintor y vulcanólogo consumado quien registró de manera excelsa el nacimiento del volcán Paricutín en la década de los años cuarenta del siglo pasado.

Sírvanse lo anterior como preámbulo de un tópico particular que ronda la cabeza de quien escribe estas líneas desde hace ya un tiempo considerable. Para ello nos moveremos a la Europa del medioevo en tiempos de la peste. Exploraremos una exquisita expresión plástica icónica de aquella época, ¿y por qué no? hacer una relectura a partir de lo que vivimos hoy en día.

¡Hasta la próxima entrega!

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