Sueños de un oaxaqueño (Rodolfo Morales)

Rodolfo Morales. Los colores de Oaxaca (detalle). Óleo sobre lino. Foto: Joel Zamora

No logré disimular cierta desavenencia sobre lo pronunciado por el profesor de etnología durante su cátedra en el Muséum d’Histoire Naturelle. El propósito era claro, persuadir a los estudiantes de defender ciegamente la aspiración suprema del investigador: su objetividad. Incluso si el precio de tal hazaña los redujese a la condición de entes ajenos a las situaciones presenciadas en el campo de la acción.

Frecuentemente la belleza, la justicia y la ciencia son formuladas por las manos más variadas e insospechadas. Ya lo proclamó el maestro Hernández Xolocotzi al defender tenazmente los saberes del día a día, o «del huarache», como él los denominaba. En su labor habitual los campesinos trabajan la tierra, resguardan y generan conocimientos fundamentales para la sociedad; desde los hospitales y con uniforme blanco, los miembros del sector salud se movilizan para actuar efectivamente contra los funestos efectos de una pandemia viral; en otra esquina, estudiantes y catedráticos -sin temor alguno a perder objetividad–  luchan por la defensa del territorio y ganar la justicia social.

México ofrece la singular posibilidad de crecer cohabitando con personajes cuyos perfiles traspasan las fronteras del eclecticismo en el conocimiento y la acción. Habremos de asentir: las circunstancias cotidianas en la región potencian nuestro talento para hacer de todo.

Rodolfo Morales (Ocotlán de Morelos. 1921- 2001) fue uno de esos individuos que se entregó al colectivo y ganó a tacto de pincel el noble gentilicio de oaxaqueño. El poeta Alberto Blanco lo invistió con el título de maestro de los sueños. Apelativo que Morales, a no dudarlo, habría encontrado desmesurado. La modestia que lo caracterizaba, mirada sagaz y voz prudente pero certera bastaron para desvelarnos su tierra natal, Oaxaca, dotada de luz, intimidad solemne y realidad quimérica.

Rodolfo Morales. Camino de la patria. Serigrafía (50 x 65cm). Créditos: Galería La Mano Mágica

El universo de Morales se nutrió de las escenas que le ofrecían las habituales caminatas por su querido Valle: Calles concurridas por mujeres ataviadas de flores; perritos, testimonios ubicuos del pulso lánguido de las calles oaxaqueñas; y edificaciones escapando de sus sombras erigiéndose con la promesa de trascendencia. Pintando su mundo Morales no se ciñó al trazo del pincel y traspasó los límites del lienzo. Se dedicó a crear belleza en el mundo que tanto lo hacía soñar.

 En 1985, después de haber vivido lejos de su tierra, vuelve a Oaxaca para consagrarse a su labor artística y emprende una serie de proyectos en diversas comunidades del estado. Es reconocido por su compromiso con ambiciosos proyectos de restauración arquitectónica. En total promovió la restauración de 15 recintos religiosos cuya arquitectura data de los siglos XVI y XVII, entre ellos dos exconventos, posteriormente transformados en centros culturales. Por citar los más destacados: el templo de Santa Ana Zegache, y los exconventos de Ocotlán y de Santo Domingo, en la ciudad de Oaxaca. 

Rodolfo Morales. Virtuosismo. Obra en gran formato, óleo sobre tela.

Morales transitó con creativa naturalidad por el paisajismo, el arte sacro y las artes vernáculas.

El paseo custodiado por monumentales jacarandas (Jacaranda mimosifolia) que se levantan a lo largo de siete kilómetros para dar la bienvenida a Ocotlán fue ideada, concretada y bautizada por Morales como la «Ruta de colores». El maestro deseaba que la antecámara de su comunidad fuera una bóveda de árboles que floreciesen con la primavera. Y lo logró.

En 1997, inicia un programa de restauración ecológica en San Martin Tilcajete a través de campañas anuales de reforestación con especies de copal, materia prima de las entrañables esculturas que adquieren forma de seres fantásticos. Con la iniciativa se buscaba la recuperación de la calidad paisajística de la zona al tiempo que se aseguraría el abastecimiento de madera requerida por los artesanos de la comunidad y con ello desarrollar su principal fuente de ingresos. Actualmente dicho proyecto perdura gracias a los esfuerzos de la Fundación Rodolfo Morales en valiosa alianza con organizaciones de la sociedad civil, como la Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca.

En 1992, con la construcción de un vivero de especies nativas el artista materializó su visión y compromiso con las comunidades oaxaqueñas. Ubicado en Santa María Tocuela, el vivero fue concebido como un espacio dedicado a la reproducción de especies vegetales indispensables en la fabricación de artesanías para posteriormente ser donadas a las comunidades como fomento a sus oficios.

Junto con el copal (Bursera sp.) para las tallas de madera en San Martín Tilcajete; igualmente se produjo naranjo (Citrus sinensis) y «yagalán» (Amelanchier denticulata) para la elaboración de peines, abre-cartas y separadores de páginas, productos notables de Santa Cecilia Jalieza. Otras especies arbóreas como el  «timbre» (Acacia angustissima) también colmaron el vivero referido. La corteza de esta especie es empleada para curtir el cuero en las comunidades huaracheras de Miahuatlán y Yalálag. Asimismo, la fundación del artista colaboró estrechamente con algunas localidades de Cajonos, reconocidas por su trabajo de la seda. Ahí se establecieron moreras (Morus alba) con cuyas hojas se alimentan los gusanos de la seda (Bombyx mori). Además, el maestro visualizaba un proyecto forestal en Zaachila, para preservar la casi extinta práctica de construcción de carretas. Sin embargo este último no logró concretarse. 

Morales nos enseñó a mirar Oaxaca. Le debemos sus sueños vueltos realidad.

Ciudadano completísimo, el maestro sigue presente en sus obras, en la magnífica cocina de su casona en Ocotlán, en el repique de las campanas; pero sobre todo en las charlas de sus queridos amigos que con mezcalito en mano lo recuerdan con gran admiración.

En memoria de Rodolfo Morales, a 95 años de su natalicio.

Reconducción fotográfica a partir de una foto de Rodolfo Morales tomada de Holo (2008) y un detalle del cuadro “Los colores de Oaxaca”, óleo sobre lino (206 x 446 cm).

Referencias

  • Holo, Selma. 2008. Oaxaca en la encrucijada. Manejo del patrimonio y negociación del cambio. Consejo Nacional para la Cultura y las Artes. Primera Edición. México.
  • Ocampo, H. L. (Coordinadora). 2011. Rodolfo Morales, equívoco vanguardista. Museo de los pintores Oaxaqueños. Oaxaca, México.
  • Entrevista al ingeniero Félix Piñeiro Márquez. Fundación Alfredo Harp Helú Oaxaca – FAHHO
  • Un sincero agradecimiento a la Fundación Cultural Rodolfo Morales.

Joel Zamora

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