Líderes religiosos y científicos mundiales hacen un llamamiento antes de la COP26

Líderes religiosos que representan a las principales religiones del mundo se unieron ayer a la comunidad científica en el Vaticano para hacer un llamamiento a aumentar la ambición climática antes de la Conferencia de las Naciones Unidas sobre el Cambio Climático COP26 que se celebrará en noviembre en Glasgow (Reino Unido). Casi 40 líderes religiosos firmaron un llamamiento conjunto, presentado por el Papa Francisco al Presidente designado de la COP26, Alok Sharma, y al Ministro italiano de Asuntos Exteriores, Luigi Di Maio.

Entre los firmantes se encuentran representantes de alto nivel de todas las confesiones cristianas, del islamismo suní y chií, del judaísmo, del hinduismo, del sijismo, del budismo, del confucianismo, del taoísmo, del zoroastrismo y del jainismo, lo que representa una amplia gama de líderes religiosos. El llamamiento sigue a una declaración conjunta similar realizada el 8 de septiembre por los líderes de la Iglesia Católica Romana, la Iglesia Ortodoxa Oriental y la Comunión Anglicana, que pidieron a la gente que rezara por los líderes mundiales antes de la COP26.

Véase el Resumen ejecutivo del llamamiento conjunto a continuación:

Hoy, tras meses de diálogo entre los líderes religiosos y los científicos, nos unimos para concienciar sobre los desafíos sin precedentes que amenazan nuestro hermoso hogar común. Nuestras creencias y espiritualidades enseñan el deber de cuidar de la familia humana y del medio ambiente en el que vive. Somos profundamente interdependientes entre nosotros y con el mundo natural. No somos dueños ilimitados de nuestro planeta y sus recursos. Las múltiples crisis a las que se enfrenta la humanidad están vinculadas en última instancia a una crisis de valores, ética y espiritual. Somos cuidadores del entorno natural con la vocación de cuidarlo para las generaciones futuras y la obligación moral de cooperar en la curación del planeta. Debemos afrontar estos retos utilizando los conocimientos de la ciencia y la sabiduría de la religión. Debemos pensar a largo plazo por el bien de toda la humanidad. Ahora es el momento de emprender una acción transformadora como respuesta común.

Necesitamos un marco de esperanza y valor. Pero también necesitamos cambiar la narrativa del desarrollo.

El cambio climático es una grave amenaza. Abogamos por una acción climática común pero diferenciada a todos los niveles.

El mundo está llamado a alcanzar las cero emisiones de carbono netas lo antes posible, con los países más ricos tomando la iniciativa en la reducción de sus propias emisiones y en la financiación de las reducciones de emisiones de los países más pobres. Todos los gobiernos deben adoptar una trayectoria que limite el aumento de la temperatura media mundial a 1,5 °C por encima de los niveles preindustriales. Rogamos a las naciones con mayor responsabilidad y capacidad actual que proporcionen un apoyo financiero sustancial a los países vulnerables y que acuerden nuevos objetivos que les permitan ser resistentes al clima y adaptarse a él y hacerle frente. Los derechos de los pueblos indígenas y las comunidades locales deben recibir una atención especial.

Hacemos un llamamiento a los gobiernos para que aumenten su ambición y su cooperación internacional para: favorecer la transición a la energía limpia; adoptar prácticas sostenibles de uso de la tierra; transformar los sistemas alimentarios para que sean respetuosos con el medio ambiente y con las culturas locales; acabar con el hambre; y promover estilos de vida y modelos de consumo y producción sostenibles. Hay que tener plenamente en cuenta los efectos de esta transición sobre la mano de obra. Hacemos un llamamiento a las instituciones financieras, a los bancos y a los inversores para que adopten una financiación responsable, y a las organizaciones de la sociedad civil y a todos para que afronten estos retos con un espíritu de colaboración.

Por nuestra parte, subrayamos la importancia de

  • profundizar en nuestros esfuerzos para lograr un cambio de mentalidad entre los miembros de nuestras tradiciones en la forma en que nos relacionamos con la Tierra y con otras personas;
  • animar a nuestras instituciones educativas y culturales a reforzar y priorizar la educación ecológica integral;
  • participar activamente en el discurso público sobre cuestiones medioambientales;
  • involucrar a nuestras congregaciones e instituciones con sus vecinos para construir comunidades sostenibles, resistentes y justas;
  • subrayar la importancia de reducir las emisiones de carbono;
  • animar a nuestras comunidades a adoptar estilos de vida sostenibles;
  • esforzarnos por alinear nuestras inversiones financieras con normas ambiental y socialmente responsables; y
  • evaluar los bienes que compramos y los servicios que contratamos con la misma óptica ética.

Las generaciones futuras no nos perdonarán si perdemos la oportunidad de proteger nuestra casa común. Hemos heredado un jardín: no debemos dejar un desierto a nuestros hijos. Los científicos nos han advertido de que quizá sólo quede una década para restaurar el planeta. Pedimos a la comunidad internacional, reunida en la COP26, que tome medidas rápidas, responsables y compartidas para salvaguardar, restaurar y curar nuestra humanidad herida y el hogar que se nos ha confiado. Hacemos un llamamiento a todos para que se unan a nosotros en este viaje común.

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